Saldungaray, una localidad del partido de Tornquist ubicada cerca de Sierra de la Ventana, es uno de los pueblos más singulares de la provincia de Buenos Aires por conservar varias obras del arquitecto ítalo-argentino Francisco Salamone, una figura única del patrimonio bonaerense.
A solo 9 kilómetros de Sierra de la Ventana, Saldungaray combina tranquilidad rural, paisajes serranos, historia local y una fuerte identidad arquitectónica. Aunque es un pueblo pequeño, con alrededor de 1.500 habitantes, su casco urbano guarda un tesoro poco común: varias construcciones diseñadas por Francisco Salamone, el célebre arquitecto e ingeniero que dejó una marca inconfundible en distintos municipios bonaerenses durante la década de 1930.
Un pueblo con encanto cerca de Sierra de la Ventana
Saldungaray forma parte del partido de Tornquist, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Su ubicación, entre paisajes serranos y cerca del río Sauce Grande, lo convierte en una parada ideal para quienes visitan la zona de Sierra de la Ventana y buscan una escapada diferente, más tranquila y vinculada al patrimonio cultural.
El pueblo puede recorrerse a pie, lo que permite descubrir sus calles, su plaza, sus edificios históricos y las obras de Salamone en un paseo breve pero lleno de interés.
Francisco Salamone y su huella en Buenos Aires
Francisco Salamone nació en Italia en 1897 y llegó a la Argentina siendo niño. Estudió en Buenos Aires y luego se formó como ingeniero en la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra se volvió especialmente reconocida por las construcciones que realizó en diferentes pueblos de la provincia de Buenos Aires, donde combinó monumentalidad, geometría, art déco, futurismo y una estética muy personal.
En 2001, su trabajo fue declarado Patrimonio Cultural de la provincia de Buenos Aires, lo que confirma su importancia dentro de la historia arquitectónica regional.
Las obras de Salamone en Saldungaray
Saldungaray se destaca porque conserva varias obras de Francisco Salamone en un radio muy cercano. Entre ellas se encuentran la delegación municipal, el matadero, el cementerio, la plaza y el viejo mercado, todas con un estilo imponente y reconocible.
Una de las obras más impactantes es el portal del cementerio, inaugurado en 1938, considerado una intervención vanguardista para su época. Su diseño monumental, simbólico y geométrico lo convierte en uno de los puntos más fotografiados del pueblo.
Arquitectura única en un entorno rural
Lo llamativo de Saldungaray es el contraste entre la escala tranquila del pueblo y la fuerza visual de las obras salamónicas. Sus construcciones no pasan desapercibidas: parecen piezas monumentales insertadas en un paisaje rural, con líneas verticales, formas geométricas y una presencia casi cinematográfica.
Ese contraste es precisamente lo que vuelve especial al recorrido. Saldungaray no necesita grandes multitudes ni grandes avenidas para sorprender. Su atractivo está en la combinación de silencio, patrimonio, historia y arquitectura.
Un destino ideal para turismo cultural
Para quienes disfrutan del turismo cultural en Buenos Aires, Saldungaray es una parada muy recomendable. Puede visitarse como excursión desde Sierra de la Ventana o incluirse dentro de una ruta más amplia por los pueblos con obras de Salamone.
El recorrido permite conocer otra cara de la provincia: pueblos pequeños donde la arquitectura pública de los años treinta todavía conserva su fuerza original y cuenta parte de la historia política, estética y social de la época.
Qué ver en Saldungaray
Además de las obras de Salamone, el pueblo ofrece paisajes vinculados al río Sauce Grande, vistas a las sierras y un ambiente sereno para caminar sin apuro. Su cercanía con Sierra de la Ventana también permite combinar la visita con senderismo, gastronomía regional, turismo rural y escapadas de fin de semana.
Entre los puntos recomendados para conocer están:
la plaza principal;
el portal del cementerio;
la delegación municipal;
el antiguo mercado;
el matadero;
los alrededores del río Sauce Grande.
Por qué Saldungaray merece una visita
Saldungaray es uno de esos destinos pequeños que sorprenden por su identidad. No es un lugar de turismo masivo, sino un pueblo para mirar detalles, caminar con calma y descubrir cómo la arquitectura puede transformar la memoria de una comunidad.
Su valor está en preservar una parte importante del legado de Francisco Salamone, uno de los arquitectos más singulares de la provincia de Buenos Aires.

